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Ataques de desinformación: qué son y cómo podemos evitarlos

Internet se ha convertido en el mayor punto de provisión y acceso -casi ilimitado- a todo tipo de recursos. Según el informe del Observatorio Nacional de Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI) del año 2017, en España existen 27,6 millones de usuarios de Internet, de los cuales 25,5 millones utilizan diariamente las redes sociales.

El 92% de la población española entre 16 y 65 años se informa diariamente a través de Internet, mientras que el 85% lo hace a través de las redes sociales. Y ahora bien, ¿cómo puede afectarnos esto?

  • No siempre es fácil filtrar ni contrastar la información ante la ingente cantidad de contenidos que alberga el mundo digital y, como vemos, el porcentaje de potenciales víctimas de ataques de desinformación es severamente elevado.
  • La revolución tecnológica desde el 2010 en adelante ha traído consigo un aumento exponencial de las probabilidades de desarrollar estas acciones desinformativas tan perjudiciales para nuestra democracia.

Así pues, Internet, lejos de ser un medio democratizador de la libertad de expresión y que garantiza el derecho a la información, se ha convertido en los últimos tiempos en escenario de ciberataques y campañas de desinformación, consideradas ya como las nuevas “armas de guerra” por la mayoría de países y organismos internacionales.

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Ante este escenario tan preocupante para la seguridad en nuestros días, el Centro Criptológico Nacional (CCN), adscrito al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ha creado la primera guía de buenas prácticas para frenar las acciones de desinformación en el ciberespacio.

El objetivo de esta guía es concienciar a los ciudadanos de aquellas herramientas de las que disponen para contrarrestar y anular las campañas de desinformación basadas en la creación de contenidos o narrativas falsos o "medio-verdaderos" que se distribuyen a través de medios, redes sociales o algoritmos.

¿Y tú? ¿Estarías prevenido para detectar una campaña de desinformación y evitar ser manipulado? Si estás interesado en desarrollar una resiliencia efectiva e impedir ser cómplice involuntario de campañas de desinformación, en este artículo encontrarás un resumen de las habilidades necesarias para identificar productos y plataformas de comunicación propias de las herramientas de desinformación.

¿Qué es la desinformación?

Según la Comisión Europea, “la desinformación o noticias falsas consisten en información demostrablemente falsa o incorrecta que es elaborada, presentada y difundida para obtener una ganancia económica, para engañar de manera maliciosa al público o para causar un daño”.

Estas informaciones son distribuidas a través de plataformas y perfiles que, aparentemente son reales, pero en realidad se desconoce su verdadero origen.

Su principal objetivo es introducir en la opinión pública una serie de noticias falsas, medias verdades o información altamente subjetiva e interesada, apelando al efecto emocional del receptor y, en definitiva, anulando su capacidad de juicio o pensamiento crítico.

Se trata, por tanto, de una táctica que supone una seria amenaza a la seguridad, ya que estas acciones ofensivas de comunicación (popularmente conocidas fake news) pueden causar el caos y la confusión de la opinión pública de países adversarios entre sí, cambiar o modular la ideología de la sociedad o incluso provocar revueltas o acciones violentas contra ciertas personas, en ocasiones, irreparables.

¿Y quién o quiénes están pueden estar detrás de estas acciones? Según el CCN, los responsables suelen ser gobiernos y grupos organizados que tienen como objetivo erosionar y debilitar la cohesión interna de un Estado o un grupo de estados considerados como adversarios y, de esta manera, redefinir su posición geoestratégica.

¿Qué consecuencias puede generar un ataque de desinformación?

Según el Centro Criptológico Nacional (CCN), a día de hoy, más de 20 millones de ciudadanos españoles están en riesgo de ser víctimas de la desinformación.

Las consecuencias directas de un ataque de desinformación pueden resumirse en:

  • Pérdida de confianza en los medios de comunicación tradicionales:
    Ante este escenario de crisis de confianza en los medios tradicionales, las campañas de desinformación están aprovechando la ocasión para tratar de multiplicarse e implantarse con mayor facilidad.
  • Pérdida de confianza en las instituciones públicas: En el caso de España, las encuestas de opinión también vienen mostrando una crisis en la percepción ciudadana hacia sus instituciones de gobierno, lo que supone otro punto de vulnerabilidad que permite crear un mejor caldo de cultivo para la desinformación.
  • Pérdida de confianza en la soberanía del ciudadano:
    Aquellos que atacan con acciones desinformativas también persiguen erosionar la confianza del ciudadano en la idea de que la información es un elemento de decisión clave para el ciudadano, de modo que sea capaz de tomar las mejores decisiones en cada momento.
  • Polarización social: Las campañas de desinformación buscan aumentar la polarización del debate social, es decir, enfrentar a los ciudadanos de un país en torno a determinados temas políticos, económicos o sociales.

 

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Los 10 elementos clave de una campaña de desinformación

Estas son las diez herramientas más utilizadas en campañas de desinformación:

  1. Noticias falsas / fake news y las deep fake news: Mensajes informativos que no se corresponden con un hecho verdadero o demostrable científica o históricamente. El peligro de las fake news es que estas sean tomadas como creíbles ya que, en el peor de los casos, "pueden provocar graves crisis políticas y de seguridad en un Estado", según el CCN. Una paso más allá en las noticias falsas son las llamadas deep fake news o noticias falsas profundas que consiste en utilizar imágenes de vídeo reales de autoridades y políticos pero que tienen manipulado el audio y el movimiento de la boca mediante software.
  2. El enfoque: Consiste en presentar informaciones con un enfoque o punto de vista alterado de tal manera que la interpretación que se hace no se corresponde con la realidad. Lo más común es manipular titulares y fotografías de una información para que los ciudadanos, de un simple vistazo, caigan en la trampa y se queden con una versión de los hechos que no es la real. Una vez el ciudadano cae en la trampa, al ser noticias normalmente que buscan la emoción, el ciudadano las comparte por redes sociales, multiplicándose por tanto su efecto y número de personas afectadas.
  3. Los nuevos medios:
    El desarrollo de las TICs y de la Web han facilitado la creación de nuevos actores mediáticos con intereses propios. El peligro radica en que estos medios, con fines de difundir información maliciosa, pueden lograr competir en influencia con medios de comunicación que hasta ahora han sido fiables.
  4. Los foros sociales: Los foros de discusión suelen ser otro lugar recurrente para difundir mensajes propios de campañas de desinformación. El anonimato que permiten estos espacios, la falta de control y de censura suponen una ventaja para difundir mensajes maliciosos.
  5. Perfiles digitales maliciosos: Precisamente ese anonimato y falta de control en las redes sociales también permite crearse perfiles digitales bajo del nombre de personajes o instituciones reales con el fin de hacer creer a la opinión pública que se han realizado unas declaraciones por parte de unas identidades que, realmente, no son las que dicen ser.
  6. Cuentas automatizadas de comportamientos no humanos: Después de la creación de perfiles anónimos en redes sociales, otro paso más allá es automatizarlos, de tal manera que pueden llegar a difundir mensajes de manera masiva en una campaña de desinformación e incluso interactuar con personas reales gracias a bots y a la inteligencia artificial.
  7. Las coberturas digitales o cuentas híbridas: Las campañas de desinformación están empleando, cada vez más, perfiles digitales que aparentan un comportamiento humano, pero la realidad es que se trata de un grupo organizado que trabaja de forma encubierta. Una persona puede llegar a gestionar cientos de cuentas ficticias, manteniéndolas activas para simular que son reales.
  8. Las estrellas invitadas: Consiste en utilizar a personajes influyentes, caracterizados por tener una cierta credibilidad y desvinculados de cualquier asunto político o social. Así, los mensajes lanzados por estos personajes cuentan con mayor aceptación y objetividad ya que son reconocibles para la opinión pública. Sin embargo, la realidad es que sí que tienen vinculaciones políticas o económicas encubiertas y forman parte de una estrategia de desinformación organizada y estructurada.
  9. Algoritmos, cámaras de resonancia y redes de confianza: Los algoritmos que utilizan las redes sociales pueden estar ayudando involuntariamente a las campañas de desinformación ya que los usuarios ven informaciones en sus redes sociales en función de sus gustos, preferencias políticas... y no en función de la calidad, pluralidad y veracidad de los contenidos. El Congreso de EEUU mantiene una Comisión específica que investiga la influencia y determinación que tuvieron las fake news en la campaña de las elecciones en las que ganó Donald Trump.
  10. Los anuncios pagados: Consiste en aprovechar el sistema de algoritmos para promocionar los mensajes desinformativos sobre las cuestiones más polémicas y candentes que se debaten en un país en un momento concreto, por medio de campañas de pago en redes sociales o portales digitales. Las campañas de pago permiten hacer llegar mucho más rápido el mensaje a millones de personas segmentadas por intereses, ubicación, gustos, edad, género, etc. pudiendo personalizar el impacto y manipulando de forma mucho más eficaz y eficiente.

 

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Guía práctica de 10 recomendaciones clave para evitar (o gestionar) una campaña de desinformación

  1. Analiza la fuente de las noticias que recibes y consumes: A veces, estas noticias provienen de plataformas digitales "no tradicionales" con escasa transparencia. Es importante conocer qué medio publica una noticia, su trayectoria y qué periodistas, empresas o países están detrás de la publicación.
  2. Duda de los pantallazos o screenshots que recibas por redes sociales: Cuando se reciben noticias también en formato de imagen se recomienda una dosis de prudencia y escepticismo. Existen multitud de programas informáticos de muy fácil uso que permiten retocar o modificar imágenes con falsos titulares de medios tradicionales o de cuentas y perfiles en redes sociales de personas reales.
  3. Pregúntate: ¿quién te ha compartido la noticia y en qué contexto?: No se debe creer todo lo que se lee en redes sociales, especialmente si son mensajes o comentarios publicados por cuentas y perfiles anónimos. Incluso si el mensaje se recibe de un amigo, uno debe verificar la fecha del envío, la fuente y qué otros medios lo han difundido.
  4. Ojo con las falsas cuentas “humanas”: Cada vez surgen más cuentas que parecen manejadas por humanos, pero quienes están detrás son robots (bots) o terceras personas que controlan perfiles diversos. Antes de seguir a alguien uno debe analizar esa cuenta, ver si genera contenido propio o si hace un excesivo uso de la red social.
  5. No seas parte del algoritmo: Para generar una opinión bien formada, crítica y contrastada se recomienda acceder a fuentes de información alternativas. Si nos limitamos a ser informados por canales pasivos (en los que la plataforma escoge qué información nos muestra en función de nuestras aficiones u opiniones, nuestra opinión se verá siempre condicionada por la información que decida mostrarnos o priorizar el algoritmo en cada momento.
  6. Lee la letra pequeña: Al informarse en formatos digitales uno no debe quedarse solo con el titular o una fotografía, sino que tiene que leer la noticia completa y analizar si los datos están contrastados y si las citas y opiniones recogen pluralidad de opiniones y citación de las fuentes primarias de información.
  7. Mantente alerta con los contenidos patrocinados de origen desconocido: Se debe desconfiar de toda polémica o contenidos políticos patrocinados por perfiles anónimos o no vinculados con asociaciones, partidos políticos o instituciones reales. Y en caso de que citen fuentes reales, siempre se debe ir a dicha fuente a ver lo que realmente ha manifestado, declarado o publicado.
  8. Desconfía de estrellas invitadas: Algunos actores relevantes participan en determinadas discusiones de acuerdo con agendas políticas y económicas muy determinadas pero desconocidas por la audiencia final.
  9. Pensamiento crítico y cabeza fría: Determinados agentes políticos utilizan la comunicación digital para enfrentar a la opinión pública y movilizar el legítimo descontento del ciudadano. Participar en debates enriquece la democracia y la pluralidad política, pero se recomienda racionalidad, respeto y pensamiento crítico.
  10. Tú puedes parar un conflicto: Todos formamos parte y somos eslabones de las campañas de desinformación. "Es importante ser conscientes de que podemos ser utilizados como peones". Por eso, es importante estar alerta ante los contenidos recibidos y no contribuir a difundir informaciones no contrastadas o de dudosa trazabilidad y procedencia.

Como has visto, las principales víctimas (y colaboradores necesarios) de “las guerras de comunicación” somos nosotros, los ciudadanos. Evitarlo es responsabilidad de todos. Si te ha resultado interesante y útil el contenido, te pedimos que contribuyas a crear una Cultura de acciones contra la desinformación reenviando este artículo a las personas de tu entorno.

A mayor conocimiento sobre las herramientas de detección de campañas de desinformación, menos posibilidades habrá de manipular a la opinión pública y más resiliente será nuestra sociedad y nuestra democracia.

 

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